EN EL INSTITUT BRUGUERS (DONDE ESTUDIÉ) EL 19 DE ENERO DE 2012

(La fotografia es mía)

PRESENTACIÓN.- Estaba aquí mirándoos y lo primero que he pensado ha sido en que yo estaba donde vosotros hace algo más de treinta años porque yo estudié aquí, en el Bruguers, en el que a la postre fue uno de los mejores años de mi vida. Estoy hablando del curso 1979-80, el año en que se acabaron las obras de su primera gran reforma. Estábamos en plena Transición.

Permitidme que me ponga nostálgico. Hacía Letras, como se llamaba entonces, y mis profesores fueron Isabel Orensanz, Luisa Cotoner, Blas era el de inglés y nuestro tutor, y había un profesor de arte, Miguel, que parecía haberse escapado de un monasterio franciscano. Después estaba Pilar la de latín, que nos llamaba “dropus”, y uno de Filosofía que nos parecía viejísimo y se teñía el pelo. A Fernando Mediavilla, que me caía muy bien, no lo tuve y todavía lo siento. Hice muchos amigos, entre ellos Carmen Noguera, aquí presente, con la que me reencontré años después. Y sí, también pasé muchas horas en el bar de enfrente, el bar Alfonso, porque las puertas nunca se cerraban, no como ahora.

Más de treinta años. El que viniera aquí y el tiempo transcurrido me ha hecho pensar estos días en quién era y en lo que me he convertido. ¿Uno hace en la vida lo que quiere o lo que puede y le dejan? ¿Hasta qué punto nos contruimos o nos construyen los otros y las circunstancias?

Por aquel entonces, estoy hablando de principios de 1979, ¿quería ser profesor, historiador, escritor, me imaginaba que estaría aquí delante? Sí que consideraba que deseaba ir a la universidad y matricularme en Geografía e Historia porque era la asignatura que se me daba más bien.

Pero, ¿y lo demás? Había nacido y vivido toda mi vida en Castelldefels pero practicamente no sabía nada del pasado de mi pueblo porque, aunque os parezca mentira, nadie se había preocupado de investigarlo. ¿Quién me iba a decir entonces que con el tiempo acabaría escribiendo tres o cuatro libros sobre mi ciudad? Recordadme que después vuelva a hablar de ello.

Por otro lado, un profesor ya me había inoculado el gusto por la literatura pero me veía absolutamente incapaz de escribir un página entera (suerte de que alguien se apiadó de mí e inventó el primer ordenador).

Así que lo de haber publicado novelas y trabajos de investigación, el ser profesor, tiene su gracia porque en el instituto pensaba que no tenía voluntad ni constancia ni perseverancia para hacer según qué cosas (y lo que es peor, que nunca las iba a tener) y he acabado en una novela en una editorial centenaria que la que han publicado 22 premios Nobel y 23 premios Cervantes (y yo).

Así que no os preocupeis si a muchos os pasa lo mismo y no teneis muy claro por donde tirar. No sé si acabareis trabajando en oficios que no están inventados o en alguno más tradicional, pero seguro que también os sorprendereis de lo que habreis conseguido, como ahora me sorprendo yo.

UN RELATO Y UNA NOVELA.- Hace unos años no tenía que preocuparme porque nadie o casi nadie me leía, por lo tanto, no me preguntaban qué había querido decir y cómo lo había hecho, cuál era la estructura, por qué había elegido a tal o cual personaje, si quería hacer una novela histórica o una de intriga o las dos cosas. A partir de su publicación he tenido que empezar a armar y organizar un discurso (eso es lo que hacen los artistas, los pensadores, los políticos), lo cual no deja de ser divertido, pues he tenido que pensar en qué es lo que quería o no decir hace veinte años, que fue cuando la comencé.

Porque “Las cinco muertes del barón airado” la empecé en marzo de 1991 y no empezó siendo una novela sino un relato de cinco o seis páginas al que titulé “Montjuich. Al principio quería que transcurriera en el presente, en el presente de marzo de 1991, claro está, cuando el mayordomo de un gran señor entraba en su habitación para despertar a la joven con la que había pasado la noche.

Escribí la primera página de un tirón y entonces pensé en trasladar la acción a finales del siglo XIX porque como historiador estaba investigando un crimen verdadero que ocurrió en Castelldefels.

Elementos para crear intriga casi desde el primer párrafo: ¿quién era la muchacha que dormía entre las sábanas y qué hacía allí? ¿Por una cuestión de venganza? ¿Y de qué tipo? ¿Y quién era el viejo que había pagado por arrebatarle su virginidad? Se me ocurrió que fuera Amadeo Castellfullit, un rico patricio de la Ciudad Condal, y que desde el primer momento se percibiera que tenía muy malas pulgas.

Acabo el relato, lo envío a un importante premio literario y lo gano. Me dicen que es casi perfecto; que es magnífico; que he de continuar la historia. Yo también lo sé y por eso, pero sobre todo porque quiero saber qué les va a ocurrir a mis personajes, la continuo.

Pero, ¿cómo seguir? Ya está, me dije, el barón de Castellfullit tenía que ir a Madrid a entrevistarse con la reina, con políticos y ministros. Pero eso, por si mismo, no crea intriga, aunque los políticos sean intrigantes por definición. Tenía que haber algo más, una conspiración como muchas de las que se tramaron a lo largo del siglo XIX, “La Gran Causa”, la llamaría el noble.

Así pues, Castellfullit provoca tantos odios que varias personas desearán su muerte. En una investigación criminal, detectives y policías se fijan en las personas más cercanas por tener más motivos. Por lo tanto, los primeros sospechosos tenían que ser sus familiares, su mujer, Eulalia Recasens, y su hijo Salvador, por diferentes motivos. Después, si acaso, ya vendrían otros.

En toda novela negra, de intriga o de detectives, el momento determinante es el del crimen. Quieren asesinar al barón y por tanto tiene que haber un muerto (o varios) y también un juicio. Es decir, tengo que incorporar numerosos elementos pero al mismo tiempo hacer que ninguno destaque por encima del resto. Y salpimentarlo todo con mucho humor.

Difícil equilibrio que requiere numerosos contrapesos que se entienden una vez leída, claro está. Un lector me dijo que mantenía el listón de la intriga muy alto, que la acción nunca decaía, que había construido un mundo que era verosímil.

LA HISTORIA REAL.- Eso me lleva al tema que siempre rodea a las novelas históricas: la mezcla de realidad y ficción. Yo hice un estudio histórico sobre el llamado Crimen de Castelldefels y se publicó y he hecho una novela que contiene aspectos importantes de ese sangriento crimen.

Joaquín Figueras tuvo la ocurrencia de cargarse al cura del pueblo y a su sobrina, una joven extraordinariamente hermosa de la que estba enamorado, les dio más de quince puñaladas a cada uno y algún que otro tiro. Con un agravante: eso ocurrió semanas antes del atentado del Liceo, donde el anarquista Santiago Salvador tiró una bomba Orsini y mató a veinte personas que estaban en la platea.

¿Era Rita Bosch verdaderamente la sobrina del cura? Y si el que fue señalado como culpable lo era, ¿por qué el alcalde y otros vecinos removieron cielo y tierra para lograr su indulto? ¿Y por qué había tantas coincidencias con la causa del Liceo? Además, al asesino lo ejecutaron en Castelldefels junto a la rectoría del crimen para dar un escarmiento ejemplar. Se trataba de un crimen rural con elementos que lo emparentaban con la efervescencia anarquista de Barcelona. Si me hubiera limitado a contar la historia real hubiera acabado la novela en los pocos meses.

Increíblemente, no me paré a pensar que podía aprovechar la historia real para la narración del barón y, por tanto, no la incluí convenientemente maquillada hasta muchísimo después por culpa de Ramón Casas y un cuadro suyo llamado “Garrote vil”, pinturaque creo que vuestras profesoras os han mostrado en clase.

No os quiero engañar. Se trata de una novela en la que se juega con la verosimilitud, la del tiempo histórico (a veces modifico fechas a mi antojo), la de los paisajes (me invento un Hotel Palace cuando todavía no existía, pues fue inaugurado en 1912, y un restaurante en Madrid), la de los personajes (algunos, como Dorotea de Chopitea incluso habían muerto de verdad; a Ramón Casas lo enamoro de una Julia cuando a la verdadera Julia la conoció muchos años después).

En fin, que hace quince años acabé una novela de intriga diferente a las novelas negras, detectivescas o de suspense y una novela histórica que también es diferente a las novelas históricas al uso. Ahora solo me faltaba publicarla.

LA NOVELA DE LA NOVELA.- Son las peripecias por las que ha pasado desde que puse el punto final en 1996. La envié a editoriales y a premios, a más editoriales y a más premios sin resultado. Hasta que un dia de junio o julio de 2000 me llaman de Seix Barral y me dicen que le ha gustado a Pere Gimferrer y que tenía que ir a conocerlos. Y fui. Las perspectivas eran muy buenas, pero unos días después de mi visita, dimitió el equipo directivo y meses después recibí una llamada telefónica en la que me comunicaban que no iban a editarla. Y vuelta a la rutina de enviarla a editoriales y premios sin resultado. Pasaron los años y, poco antes de las vacaciones de verano de 2009, se me ocurrió escribir un email a Seix Barral explicándoles la historia de una novela que parecía impublicable, y les adjunté un archivo con la obra y la carta que me había escrito Pere Gimferrer. Me contestaron enseguida diciéndome que Pere Gimferrer se acordaba de todo lo sucedido y que la iban a leer. Y a principios de septiembre me comunicaron que querían conocerme. Y fui, pero esta vez sí se completó el círculo.

CONCLUSIÓN.- Hace unos minutos os preguntaba: ¿Uno hace en la vida lo que quiere o lo que puede y le dejan? ¿Hasta qué punto nos contruimos o nos construyen los otros y las circunstancias?”

Sigo sin saberlo, pero sí sé que todos temenos armas para conseguirlos y que unas muy importantes son la voluntad, la constancia y la perseverancia. Y la ilusión por hacer cosas, que nunca se tiene que perder.

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