COMENTARIO A UNA CRÍTICA

No sé si está demasiado bien que un escritor serio haga un comentario a una crítica que le han dedicado en un blog, pero como me ha quedado bien y quiero expresar que estoy en parte de acuerdo con lo que dice Jordi Corominas i Julian, la consigno aquí tras el enlace a su entrada, así hago publicidad de un lugar (en el ciberespacio) que me parece magnífico:

http://corominasijulian.blogspot.com/2011/05/las-cinco-muertes-del-baron-airado-de.html

Nadie me ha dado vela en este entierro (¿o quizá sí?) pero me gustaría explicar algunas cosas de “Las cinco muertes del barón airado”. Ante todo he de decir que he disfrutado leyendo tu crítica, Jordi: está bien razonada y has buscado información para refrendar tus opiniones. Humildemente las acepto por entero (todavía quedan heridas de la pugna que hubo entre una parte de mí, el historiador que ya era, y otra, el aspirante a escritor). También sé que en el momento de su publicación la obra ya no es de quien la ha escrito si no de quien la lee y la hace suya (o no). Es ley de vida, como los hijos, que no son totalmente tuyos por mucho que los hayas criado y acompañado durante sus primeros años.

Así que no quiero hacer una defensa ni iniciar una polémica que me parece estéril y menos contigo, ya que tienes todas la razones del mundo para defenderla o criticarla en todo o en parte, solo exponer algunas ideas que hace tiempo me rondan por la cabeza.

En pintura, en fotografía, en arquitectura, en poesía y en todas las artes en general, la crítica se hace a la obra acabada, no al proceso de su construcción o montaje, eso quedaría reservado al estudioso, al interesado o al fanático. En ocasiones el artista o autor puede alumbrar en alguna entrevista o artículo los motivos que le indujeron a crear esa obra y no otra y por lo general utliliza un lenguaje rebuscado para justificar el camino emprendido. Como esto no es ni una entrevista ni un artículo, procuraré no utilizarlo.

En algún sitio he dejado escrito o dicho que la novela empezó siendo un relato corto que tenía que transcurrir en el presente (el de hace veinte años, cuando la inicié). Pero tras escribir algunos párrafos me di cuenta de que no sabía por donde tirar. Como estaba estudiando el llamado “Crimen de Castelldefels” sucedido a finales del siglo XIX, se me ocurrió atrasar cien años la escena y el relato me salió casi de un tirón.

Ya entonces no quise poner ninguna fecha y seguí haciéndolo porque estaba construyendo una obra literaria, no una novela histórica, de hecho en las trescientas y pico páginas no aparece ninguna alusión al calendario, solo en la contraportada y porque lo ha puesto la editorial. Sin embargo, no fue hasta mucho más tarde, y por la inclusión de personajes que me estaban pidiendo salir, entre ellos Ramón Casas, que disfracé la “historia real” para adaptarla a la novela. Un ejemplo que no le he contado a nadie: en el verdadero crimen transcurrían casi dos años entre el luctuoso suceso y la ejecución y yo, para lograr darle un mayor dinamismo a la narración, reducía ese tiempo a unos meses.

A esas alturas, un relato corto acabado, unos personajes y nuevas tramas añadidos me habían obligado a alterar algunos aspectos de la realidad, el más importante, y en eso tienes razón, el de la relación del pintor con Julia, su modelo, a la que conocío más de diez años después y no se casó con ella hasta 1922, creo.

Hay que tener en cuenta que hace veinte años no existía internet y que no sabía demasiadas cosas sobre ellos dos, en realidad ni tan siquiera había podido averiguar el apellido de la muchacha, Peraire, y su personalidad era un misterio. La única solución era crear un personaje y para justificarme podría decir: “¿quién dice que se trata de la misma Julia?” A fin de cuentas lo mismo hice con Figueras, el individuo que tuvo la mala suerte de cometer unos asesinatos en uno de los peores momentos de la historia de Barcelona: al cambiarle la F inicial por una H lo convertí en otra “persona” y lo “salvé” de esas circunstancias añadidas que tanto tuvieron que ver con su ejecución. Por eso creo que no he hecho una novela histórica “al uso” y al final de ella defiendo el concepto de “verosimilitud” (lo hago como narrador, no como historiador, repito).

Y me despido no sin antes decirte, Jordi, que ha sido todo un placer conocerte a través de tus escritos.

Firmado: Un Jorge Navarro que ya no sabe muy bien qué es lo que es.

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