JUICIO AL ANARQUISMO por MANUEL SIMÓN VIOLA MORATO | Domingo, 26 de febrero de 2012

“Nacido en Castelldefels en 1962, Jorge Navarro es un historiador que ha cultivado la narración corta con textos seleccionados en antologías como Quince líneas, Relatos Noche de relatos. Junto con Gabriel García Rosauro y Neus Cardona Vives, Navarro es coautor de El crimen de Castelldefels (Castellsdefels a finales del siglo XIX), obra en que se disecciona el asesinato de un sacerdote y su ama de llaves ocurrido el 26 de agosto de 1893 en esta localidad barcelonesa. En el juicio, celebrado en junio de 1894, el tribunal acusó a un joven oscense, Joaquín Figuras, de asesinato con agravantes (alevosía, morada de los ofendidos, premeditación) y lo condenó a la pena de muerte en garrote vil. Con notables dudas sobre el móvil del crimen, el jurado y el presidente del tribunal enjuiciaron el caso a la sombra de los numerosos atentados anarquistas ocurridos en la ciudad, todos ellos mencionados en la novela: el atentado contra el Capitán General de Cataluña Arsenio Martínez campos (24 de septiembre de 1893), el del Liceo que ocasionó 22 muertos y 35 heridos (7 de noviembre) y el que pretendía acabar con la vida del gobernador Larroca (21 de abril de 1894). Durante la celebración de la vista fue asesinado en Lyon asimismo el Presidente de la República Francesa en otro atentado anarquista.

Jorge Navarro ha partido, por tanto, de una investigación histórica previa y ha elaborado la narración sobre un episodio real, sumándose así a novelas, basadas en asesinatos realmente sucedidos, como La estrategia del agua de Lorenzo Silva o Más allá de la mirada de Luis Miguel Sánchez Tostado, pero ha operado con entera libertad y ha ajustado la relación de los hechos a unos propósitos específicos, a un “punto de vista” de corte regeneracionista que pone el acento en las lacras del sistema político de la Restauración.

Ya desde las primeras páginas, la narración se articula en torno a la que será su figura central, Amadeo de Castellfullit, barón, presidente del Banco de Crédito Agrícola, Industrial y Comercial de Barcelona, presidente de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza, Barcelona y Francia, presidente del Liceo, de la Cámara de Comercio, un “cacique” urbano autoritario y prepotente con acceso a los políticos madrileños (Cánovas y Sagasta) y a la Reina Regente. Maniobrero y manipulador, el barón tratará de convencer a políticos y militares de dar un golpe de estado institucional que preserve la monarquía pero lleve al poder a un “cirujano de hierro” que reprima en sangre al movimiento obrero.

En su desarrollo, la trama de esta novela de reconstrucción histórica, con numerosos personajes reales, se va impregnando de varios motivos de novela negra, como sucede con esos conocidos del barón que van cargándose de razones para desear su muerte: Sofía Riera, primera víctima del noble cuya virginidad ha comprado (su padre fue fusilado con otros presos anarquistas en los fosos de Montjuïc tras ser torturado), Eulalia (la esposa humillada), el hijo tiranizado que acaba independizándose del padre  o el secretario despedido que se convierte en un pistolero anarquista.

Finalmente, el crimen tiene lugar en las posesiones del barón justo en la fecha en que él pensaba viajar a ellas: cuatro asesinatos en que se utilizan armas blancas, una escopeta cargada de postas y un revólver inglés. ¿Es razonable atribuir todas estas muertes a un único culpable? El presidente del Tribunal no dudó al hacerlo y el acusado fue ejecutado en garrote vil poco después.

Resulta de interés recordar las similitudes que, salvando las distancias, posee la novela respecto de otro título que incorpora a su trama un crimen real, Jarrapellejos de Felipe Trigo: ambas, en efecto, están protagonizadas por un “cacique” todopoderoso, por un predador sexual que compra la voluntad de los humildes, en ambos casos se relatan los sangrientos crímenes (no tan lejanos en el tiempo: 1893 y 1902) y el curso errático de la investigación plagada de irregularidades así como la exoneración de los verdaderos asesinos y en ambas el desenlace es desolador al constatar la imposibilidad de regeneración de una España sometida a su propia involución.

Entre los personajes reales que pueblan la novela sobresalen el periodista de La Vanguardia que cubrió el caso pues en realidad toda la información procede del periódico al desaparecer las actas del proceso en el archivo de la Audiencia de Barcelona, y Ramón Casas, el pintor de la burguesía barcelonesa, llamado a ocupar un papel central tanto en la elucidación del crimen como en la elaboración de una narración tejida con los mimbres de la historia.”

La entrada original al blog se puede encontrar en 
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